XXIV Arte en la Casa Bardín
 
El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, en su apuesta por la cultura y el arte, organiza entre sus diversas actividades las exposiciones que como ciclo Arte en la Casa Bardin toma el nombre de la sede del Gil-Albert. Inició su andadura en el año dos mil doce con el formato artista/comisario, encuentro y visitas guiadas, que mantiene, en cada una de las muestras individuales. En una primera etapa fueros propuestas por la Comisión Asesora del Departamento de Arte y Comunicación Visual Eusebio Sempere. A partir del año dos mil quince, el doctor José Ferrándiz Lozano, director del Gil-Albert, impulsa el primer concurso público de Arte en la Casa Bardin con una selección de diez propuestas presentadas en los años dos mil dieciséis y dos mil diecisiete, reseñadas al final del catálogo.  
 
En ese último año se convocó el segundo certamen de Arte en la Casa Bardín para seleccionar diez exposiciones con el objetivo de acercar las prácticas artísticas contemporáneas en la programación de exposiciones de este dos mil dieciocho y del dos mil diecinueve. Han sido seleccionadas las propuestas de los siguientes artistas y comisarios:
 
Roberto López / Antonio Barroso
Mónica Jover / Isabel Tejeda
Rosell Meseguer / José Luís Martínez
Alberto Vicente Santoja / Gabriel Songel
BYE / Zanora Coperías
Lola Lorente / Gertrudis Gómez
Jorge Burillo / Juan F. Navarro
Xavi Carbonell / María José Gadea
Cayetano García Navarro  / David Trujillo
José Antonio Hinojos / Iván Albalate 
 
Cada propuesta se sitúa en el marco de la creación actual, en un universo definido por la obra del artista y las aportaciones del comisario. Se define en lo multidisciplinar, en la pintura el collage, la instalación, la fotografía, la escultura, la gráfica, el cómic, la ilustración, el dibujo, lo audiovisual, la performance, la didáctica y un abanico abierto a las diversas modalidades artísticas y creativas. Esa fuerza creadora, desde la pintura, es la que Xavi Carbonell nos muestra en la Casa Bardín y María José Gadea, comisaria de la exposición nos comenta en la hoja de sala y en el texto del catálogo.
 
Juana María Balsalobre
Directora del departamento de Arte y Comunicación Audiovisual del IAC Juan Gil-Albert
 
 

 

 

 

 
Bustle 
 
 
 
Nos adentramos en el último trabajo de Xavi Carbonell. Compuesto por pinturas de gran formato sobre lienzos blancos, en los que concentra la acción desde el centro hacia fuera, creando un auténtico bullicio (bustle) que da título a esta exposición.
 
 
 
El trabajo disciplinado que lleva a cabo Carbonell desde hace más de una década, cuando decide apostarlo todo por el sueño artístico americano, le ha llevado a conseguir un reconocimiento entre las galerías y ferias de arte de Nueva York, en especial en la galería Art Angler que lo representa desde 2012; así como hacerse con una clientela que va creciendo y que admira su trabajo. 
 
 
 
 
 

América le da motivos para pintar y él, a cambio, enriquece su cultura artística recuperando lo más destacado de figuras reconocidas como Pollock, Basquiat o Cy Towmbly y llevándolos a su propio lenguaje expresivo que bebe del informalismo español y en el que predominan la referencia al arte infantil y la alegre paleta con la celebra el éxito. Entre los colores vibrantes e incluso fluorescentes que emplea, destaca el rosa de Dianthus, el más característico de estos últimos años y por lo que se ha seleccionado como color del material gráfico que recoge la muestra. 

 
Sus obras se originan con chorreos de pintura que dispensa danzando y caen azarosamente sobre el lienzo. Estos drippings son, al mismo tiempo, color y forma, con los que va tejiendo una cartografía, una red de líneas irregulares de carga pictórica que, desde la distancia, cada vez son más abstracción. Pero  cuando te acercas, entonces, ves brotar a sus personajes: muñecotes con alma que encarnan a las gentes más variopintas y de diferentes nacionalidades que ha conocido en sus estancias neoyorkinas. Los representa con grandes ojos o gafas y tensos filamentos por cabello, hechos a rotulador o a lápiz, reflejo de la personalidad del artista.  
 
 
 
Esta primera serie, como todas, va evolucionando. Las figuras cobran más protagonismo, crecen, las libera de la forma implícita de la mancha y las dibuja intencionadamente con amplias sonrisas, supervivientes felices de la gran urbe. Las acompaña de símbolos que hacen referencia a elementos cotidianos. Estos se recomponen en la mente de Carbonell como una ciudad vivida, pero a la vez imaginada, como la pizarra o cuaderno infantiles con grafismos que suponen su código comunicativo.  
 
Xavi Carbonell pinta más que los recuerdos, el anhelo. Y como si se tratara de una ancestral “magia simpática” los repite, los atrapa, como si cada obra terminada fuera un día menos en la cuenta atrás para el próximo viaje a América a presentar sus recientes obras, aunque él sea el único en esta aventura con billete de ida y vuelta.  
 
 
 
 
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